Poemas de Quevedo

Ciertamente, por muy bueno que haya sido un poeta seguramente no es tan conocido como el prodigio del siglo de oro de España que le presentaremos a continuación. Se trata de Francisco de Quevedo, uno de esos escritores que toda persona tiene que leer antes de morir.

Poema de quevedo 3

Así que si todavía no has tenido la oportunidad de conocer a fondo sobre esta gran figura de la literatura de occidente, no te preocupes pues te traemos todos los detalles sobre la vida y los Poemas de Quevedo.

¿Quién fue el poeta Quevedo?

Se trata de uno de los escritores más famosas de España y de Europa y aunque es muy reconocido por su obra poética también se sabe de obras narrativas y algunas obras teatrales. Se conoce que nació en la ciudad de Madrid el 14 de septiembre de 1580.

Hay que destacar que los padres de nuestro escritor tuvieron un papel protagónico en la corte, por lo tanto, el poeta Quevedo desde muy temprana edad tuvo se desenvolvió en un ambiente político y cortesano.

Con respecto a su formación, se sabe que estudió en el Colegio Imperial de los Jesuitas, hasta que posteriormente llegara a formarse en la Universidad de Alcalá de Henares y de Valladolid, siendo esta última la ciudad donde él consagró su fama como poeta, haciéndose también famosa su rivalidad con Luis de Góngora y Argote.

Ya hacia 1606 llega a la ciudad de Madrid, donde se propuso continuar sus estudios de teología. Cabe destacar que fue para esta época donde resultó siendo amigo de nada más ni nada menos que del duque de Osuna, al que posteriormente Francisco Quevedo decidiera dedicar sus famosas traducciones del poeta griego Anacreonte, quien hasta el momento no había sido traducido por nadie a la lengua española.

Poema de quevedo 2

Entrado el año 1616, debió acompañar a este mencionado duque hasta Sicilia en calidad de Secretario de estado, participando como agente secreto en más de una peligrosa riña diplomática dentro del mapa político de las repúblicas italianas.

Parece que fue acusado falsamente de haber participado en lo que se conoció como la conjuración de Venecia, sucediendo este hecho a la par con la caída del duque de Osuna. Debito a esto, para esta fecha la vida del nuestro poeta pareciera haberse tornado de total desgracia.

Sin embargo, con la ascensión al poder del duque de olivares, Francisco volvió a retomar la confianza real. Esto debido a que este personaje Olivares se convirtió en su total protector, distinguiéndole con el muy honorable título de real. Pero no pasaría mucho tiempo para que Quevedo pusiera en peligro su estatus político, manteniendo su posición en la elección de Santa Teresa como patrona de toda España, al contrario de los que iban a favor se Santiago Apóstol. Entonces, a pesar de las sabias recomendaciones del conde duque, en el año de 1628 quedó desterrado, en esta ocasión al convento de San Marcos de León.

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Pero esto no sería lo último que supiéramos de este personaje. Esto debido a que en muy poco tiempo estaba de vuelta la corte, dando continuidad a su carrera cortesana y política, donde se mantuvo gracias a la ayuda de Esperanza Mendoza, una viuda que había sido del agrado de la esposa del duque de Olivares, y de quien poco tiempo después terminó separándose.

Poema de quevedo 4

Seguidamente, problemas relacionados con casos de corrupción hicieron que el duque fuera alejando a Francisco Quevedo, hasta que en el año de1639 decidiera mandar a encadenarlo bajo fuertes y oscuras acusaciones. En el año de 1643, cuando ya salión en libertad, teniendo una salud bastante venida a menos, decidió retirarse de todo tipo de oficios y se fue a la torre Torre de Juan Abad

¿Qué se sabe sobre los Poemas de Quevedo?

Cabe destacar, que como escritor y compositor, Francisco Quevedo  incursionó en los más diversos géneros literarios, sin embargo, su obra poética es por la cual se ha dado a conocer a nivel mundial, contando con poemas que ponen de manifiesto el sentimiento de la desilusión y la melancolía frente al tiempo y a la misma muerte. Veamos a continuación algunos de sus poemas:

Algunos poemas de Francisco Quevedo

A UNA NARIZ

Érase un hombre a una nariz pegado
Érase una nariz superlativa,
Érase una nariz sayón y escriba,
Érase un pez espada muy barbado.

Érase un reloj de sol mal encarado,
Érase una alquitara pensativa,
Erase un elefante boca arriba,
Era Ovidio Nazón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
Érase una pirámide de Egipto,
Las doce tribus de narices era.

Erase un naricísimo infinito
Muchísima nariz, nariz tan fiera,
Que en la cara de Anás fuera delito.

A LA EDAD DE LAS MUJERES

De quince a veinte es niña; buena moza
de veinte a veinticinco, y por la cuenta
gentil mujer de veinticinco a treinta.
¡Dichoso aquel que en tal edad la goza!

De treinta a treinta y cinco no alboroza;
mas puédese comer con sal pimienta;
pero de treinta y cinco hasta cuarenta
anda en vísperas ya de una coroza.

A los cuarenta y cinco es bachillera,
ganguea, pide y juega del vocablo;
cumplidos los cincuenta, da en santera,

y a los cincuenta y cinco echa el retablo.
Niña, moza, mujer, vieja, hechicera,
bruja y santera, se la lleva el diablo.

Poema de quevedo 1

BODA DE NEGROS

Vi, debe de haber tres días,
en las gradas de San Pedro,
una tenebrosa boda,
porque era toda de negros.

Parecía matrimonio
concertando en el infierno,
negro esposo y negra esposa,
y negro acompañamiento.

Sospecho yo que acostados
parecerán sus dos cuerpos,
junto el uno con el otro
algodones y tintero.

hundíase de estornudos
la calle por do volvieron,
que una boda semejante
hace dar más que un pimiento.

Iban los dos de las manos,
como pudieran dos cuervos;
otros dicen como grajos,
porque a grajos van oliendo.

Con humos van de vengarse,
que siempre van de humos llenos,
de los que por afrentarlos,
hacen los labios traseros.

Iba afeitada la novia
todo el tapetado gesto,
con hollín y con carbón,
y con tinta de sombreros.

Tan pobres son que una blanca
no se halla entre todos ellos,
y por tener un cornado
casaron a este moreno.

Él se llamaba Tomé,
y ella Francisca del Puerto,
ella esclava y él esclavo,
que quiere hincársele en medio.

Llegaron al negro patio,
donde está el negro aposento,
en donde la negra boda
ha de tener negro efecto.

Era una caballeriza,
y estaban todos inquietos,
que los abrasaban pulgas
por perrengues o por perros.

A la mesa se sentaron,
donde también les pusieron
negros manteles y platos,
negra sopa y manjar negro.

Echólos la bendición
un negro veintidoseno,
con un rostro de azabache
y manos de terciopelo.

Diéronles el vino tinto,
pan entre mulato y prieto,
carbonada hubo, por ser
tizones los que comieron.

Hubo jetas en la mesa,
y en la boca de los dueños,
y hongos, por ser la boda
de hongos, según sospecho.

Trujeron muchas morcillas,
y hubo algunos que, de miedo,
no las comieron pensando
se comían a si mesmos.

Cuál por morder el mondongo
se atarazaba algún dedo,
pues sólo diferenciaban
en la uña de lo negro.

Mas cuando llegó el tocino
hubo grandes sentimientos,
y pringados con pringadas
un rato se enternecieron.

Acabaron de comer,
y entró un ministro guineo,
para darles agua manos
con un coco y un caldero.

Por toalla trujo al hombro
las bayetas de un entierro.
Laváronse, y quedó el agua
para ensuciar todo un reino.

Negros dellos se sentaron
sobre unos negros asientos,
y negras voces cantaron
también denegridos versos.

Negra es la ventura
de aquel casado,
cuya novia es negra,
y el dote en blanco.

BURLA DE LOS ERUDITOS DE EMBELECO,
QUE ENAMORAN A FEAS CULTAS

Muy discretas y muy feas,
mala cara y buen lenguaje,
pidan cátedra y no coche,
tengan oyente y no amante.

No las den sino atención,
por más que pidan y parlen,
y las joyas y el dinero,
para las tontas se guarde.

Al que sabia y fea busca,
el Señor se la depare:
a malos conceptos muera,
malos equívocos pase.

Aunque a su lado la tenga,
y aunque más favor alcance,
un catedrático goza,
y a Pitágoras en carnes.

Muy docta lujuria tiene,
muy sabios pecados hace,
gran cosa será de ver
cuando a Platón requebrare.

En vez de una cara hermosa,
una noche, y una tarde,
¿qué gustos darán a un hombre
dos cláusulas elegantes?

¿Qué gracia puede tener
mujer con fondos de fraile,
que de sermones y chismes,
sus razonamientos hace?

Quien deja lindas por necias,
y busca feas que hablen,
por sabias, como las zorras,
por simples deje las aves.

Filósofos amarillos
con barbas de colegiales,
o duende dama pretenda,
que se escuche, no ose halle.

Échese luego a dormir
entre bártulos y abades,
y amanecerá abrazado
de Zenón y de Cleantes.

Que yo para mi traer,
en tanto que argumentaren
los cultos con sus arpías,
algo buscaré que palpe.

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